martes, 20 de diciembre de 2016

REVISTA "POESÍA MADERO" Nº1




Parte del contenido de este número de POESÍA MADERO.


CARDENALES / CARLOS EDUARDO SAA

 

Te vi caminando por los zarzales

llevando cardenales en las manos,

La mirada suave, en horizontes,

Luz de luna en la altiva frente.

 

Supe de ti una mañana de otoño,

Cuando el sol apagó sus luces,

La lluvia desgarró la atmósfera

Con una desesperación nunca

Vista en mi tierra y otros lares.

 

Mi madre lloró todo ese día,

Oró los misterios que yo no entendía.

Tan solo musitó con voz quebrada,

Que en una cruz murió el alba.

 

Pasaron los años y en cada día

Como ese otro día, en mi casa

Ella encendió diez jazmines,

Puso mantilla negra sobre la cabeza

Y oró aquellos mismos misterios.

 

Mi madre esta mañana ha muerto.

Tremendo dolor dobló mis horas

Y fui al monte para llorar a solas.

Entonces te vi caminar por los zarzales.

Blanca era la túnica que te abrigaba,

 

Desde tus manos voló un cardenal

Para posarse sobre mis manos.

Con horror vi que un clavo lo atravesaba.

Te volviste a mi, sin palabras,

 

Con el sólo mensaje de tu mirada

Me dijiste que eso no era nada,

Es un regalo que hace mil años

Entregué al mundo, no temas,

Nada duelen, que si hubo quienes

Como tu madre comprendió el sacrificio,

La muerte transitoria está pagada.

 


OTRO  TIEMPO / DARÍO VALDEBENITO

 

Las ánforas del silencio rebasan su paciencia

y se vierten al lado opuesto de lo deseado.

El sol está desorbitando el brillo estival,

el mar ruge y azota sus lágrimas de dolor

y los corceles del viento aceleran su marcha.

Parece otro tiempo, un tiempo de locura quizás.

 

Lejos de aquí, en el territorio de las nieves

eternas

Los icebergs se hacen a la mar y se producen

los grandes deshielos

Mares y lagos contaminados con oro negro u

oro blanco, da lo mismo,

El daño es igual a la flora y a la fauna de nuestro

diario vivir.

 

Si, parece otro tiempo, un tiempo de cordura tal vez

de la Naturaleza, que nos avisa o nos pasa la cuenta.
 
 
 
 
¿POR QUÉ LOS MUERTOS NOS HACEN LLORAR? / ELENA MONTANER
La oscuridad del cementerio oculta la sobria tierra
que guarda tantos reclamados por el tiempo
Guardianes invisibles vigilan  tumbas que no parecen tumbas
sino solo rectángulos de cemento sobre  el pasto
En el aire aún vibra el sonido de  rezos y letanías
que aprovechan el momento para gritar penas antiguas
 
Es  una catarsis teatral  en esta escena repetida y perpetua
de tristeza obligada porque los muertos nos hacen llorar
 
No queremos soplar las palabras que yacen moribundas
débiles como palomas que perdieron su nido
La mirada se recuesta  entre tantos rostros inclinados
preguntándose las razones que tiene la Vida
para cerrar compuertas y levantar barreras en el sepulcral tiempo
 
¿Por  qué los muertos nos hacen llorar si están quietos y mudos
incapaces de levantar espadas o lanzas bajo  tierra?
Pero sus ecos tienen poder sobrehumano
para herir el alma sin que lo quieran
Perdemos la mirada en el largo camino hacia ese cuerpo
vacío y quieto como escultura antigua
mirando indefenso la soledad que lo espera
 
Vamos, vamos al sepulcro y rociemos las cáscaras con sal
para asegurar la permanencia un tiempo más
No queremos alejarnos de esta etapa
no queremos irnos ni dejar lo conocido
Queremos seguir llorando lágrimas interminables
como un collar que colgaremos en las cruces de hierro
o en las puertas oxidadas y chirriantes
Colgaremos las flores una vez secas como adornos recordatorios
para no olvidar la dirección y volver a encontrarnos
en ese baño de recuerdos y conversaciones obligadas
en ese velatorio lloroso
recostada en su hombro fuerte

 
LA LLAVE DEL LLANTO / FRANCISCA AVARIA

 
Fulgentes candiles

alumbran la noche

Las brillantes cruces

en el cielo se esmeran

en iluminar a los hombres

en verles felices junto a sus hermanos

paz y armonía reinando

en la tierra que muestra

su cara de alegres sonrisas.

 

Parece perfecto, mas tras bambalinas

se muda el escenario

se oscurece el mundo

y hay tantos llorando

en submundos tristes

es la otra cara que se esconde

amarga.

Es desigualdad que hiere, que araña

y se esconde amarga

 

¿Por qué no podemos

como quiso Cristo

cerrar la llave del llanto

y abrir la otra, esa que brillante

a todos iguala?

¿Por qué pintor

no quieres pintar angelitos negros

si también son bellos

con su alma blanca?

 

Como duele el hermano

que no haya en su tierra

el pan que alimente a sus hijos

que gimen de hambre

y emigra a otros mundos

se arrodilla y ruega

le tiendan la mano.

Junto a él pasamos sin verle la cara

y no me comprometan al verme

sus ojos.



LA MUJER EN LA PLAYA / JAIME TAPIA

  

Todas las noches, desde que compró en una feria de antigüedades el cuadro con la mujer de cabellos dorados y torso desnudo, adentrándose en el mar...

 Después de apagar la lámpara del velador, el viejo siente una brisa marina y una piel húmeda y una respiración agitada y una cabeza de larga cabellera reclinarse en su hombro.



DOCE CANTOS EN HAIKÚS / LAUTARO ALCAYAGA


Loica 

Con un cuchillo

tu pecho encendieron

tu canto rojo.
 

 
Queltehue 

Siempre atento

en campos y distancias

tu, tañido gris.
 

 
Chincol 

En los naranjos

tus sinfonías cantan

el viento sopla.
 

 
Jilguero 

Eres el canto

de los bosques y valles

tus melodías. 

 
Diuca 

Tres chauchas y un diez

junto a los espinos

silbas al viento. 

 
Zorzal

Entre los cercos

perfumando el alba

Tu canto vuela. 

 
Codorniz 

Cantas chancaca

entre las zarzamoras

y los senderos. 

 
Tordo 

Un centinela

observa en un pino

unas semillas. 

 
Yal 

flor de lirio

cantas desde el chagual

tu plumaje gris.
 

 
Chirigüe 

Abres tus alas

tu pecho como el sol

las teatinas. 

 
Golondrina 

Danzas y ríes

solo tu y el viento

entre la niebla.
 

 
Platero 

Como el azul

entre las manzanillas

el infinito.




TIEMPO / MARIO CÁCERES

Es parcelar el infinito:

Es cuestionar la eternidad

Darle a la vida o existencia

Un plazo fijo: simbolizar

La brevedad.

Un segundo llega a ser un siglo

Si el dolor se alberga en lo carnal

Y un año luz sólo un segundo

Al medir la inmensidad
  

HUELLA PETRIFICADA / IVÁN T. CONTARDO

Madura en el dolor. Allí resuma su fruto. Es una letra que llega al abismo, quejumbroso tatuaje.
 
Cuando todo ha sido consumado y no es posible cambiar el rumbo,
ella permanece petrificada en el fondo de las rocas.
Es huella de Dios.

 
 

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