miércoles, 5 de julio de 2017

EL OTOÑO DE LOS PÁJAROS


“EL OTOÑO DE LOS PÁJAROS”
Poemario de Jaime Tapia Reyes
© Iván T. Contardo
 
La relación hombre-mujer en “El Otoño de los Pájaros” es de desencuentro. Los esposos o los amantes permanecen lejanos. Las escenas que describen sus versos dan cuenta de la enorme soledad del ser humano. Ellos no pueden entenderse, son unos desconocidos, distantes, que a veces, como en “un batir de remos en el agua” intentan acercarse. No hay entre ellos verdadero amor. Buscan un cobijo que no encuentran.  

Como en el otoño, la estación triste en que se desnudan los árboles, caen los pájaros, símbolo de vuelo, poetas y poesía. 

En “El otoño de los pájaros” (página 53) la vida es como una subasta en la que adquirimos cosas viejas y usadas, costumbres ya gastadas, las ideas inútiles de nuestros predecesores. Estas ya no sirven para relacionarnos hoy. Sin embargo, en medio de esa oscuridad se enciende una esperanza: “Es difícil tantearnos en la oscuridad sin percibir la gestación de las nubes” reflexiona el hablante. Precisamente en la oscuridad, al cerrar los ojos, surge lo genuino del ser. La vida puede ser más simple, “que las hojas caigan en cascadas sobre nosotros y dejar que el aire mueva sus dedos” La noche es como un paréntesis; en el sueño se abre el subconsciente y se da a conocer el verdadero ser humano. 

Echemos una mirada a algunos trabajos de Jaime Tapia que describen esa relación frustrada. 

En “Por favor me alcanzas la sal” (página 8) la relación entre los esposos es tan distante como un océano. Ellos son caras opuestas de una moneda en que su única comunicación es pedir la sal, acaso el sabor que falta a esa comida insípida que es su relación. 

Una imagen similar se observa en “Sentados en el comedor” (página 24) Con lenguaje surrealista, los comensales miran su reflejo en la ventana y se ven como cadáveres invadidos de una fauna tanatológica de larvas, moscas y arañas. Aves oscuras están al acecho de su muerte. 

Tal vez la relación de pareja entre el hombre y la mujer sólo sea un experimento fallido en el “Jardín del Edén” (página 32) Son dos seres cuyo único leitmotiv es cumplir un deseo básico. 

“Ahora que el espejo es un muelle” (página 40) es un poema muy interesante, aunque de oscuro significado. De aquel espejo que es nuestro interior más oculto, surgen unas manos que dominan y cambian el rostro. Hay un mapa de las experiencias registrado en el subconsciente: Muelle – espejo – rostros. Al acercarnos al muelle de la memoria alcanzamos ese mar oculto donde podríamos descubrir el reflejo de un ser desconocido. Acechan rostros cual máscaras ajadas.  

El destino une a los amantes como si fuesen una costura. Pero es un “amor culposo”. No hay fidelidad y el amante quiere vengarse lanzando un maleficio dentro de un huevo puesto por una “Gallina negra” (página 51)  

Cuando el esposo muere, la viuda deja una señal en el difunto a fin de reconocerlo más allá de la muerte. Si nunca se conocieron, menos podrá hacerlo en otra vida. “El clavel” (página 57) es la señal artificial. Quizás alguna vez, en algún lugar, real o imaginario, puedan reconocerse al fin, estos dos desconocidos, por una flor de plástico.
 
 

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